9.08.2012

hablando de soundtracks...

¿Sabe Ud., mi estimado lector, qué tienen en común  las siguientes imágenes?:










...pues que todas fueron exitosas series de tv en los 70s y early 80s, y todas -entre muchas otras- fueron musicalizadas por el mexicano:


JUAN GARCÍA ESQUIVEL.
+ info

[de la serie: ¡recuperemos a los grandes mexicanos que televisa olvidó!]

9.06.2012

no sé a Uds. pero a mí, ¡Abigael me deja temblando!


Hoy tuvimos nuestra noche de Letras al Aire en El Lugar del Nopal, y la lectura fue un Homenaje al poeta sonorense Abigael Bohórquez.
 
Quien aún no haya visitado la obra de este autor, acérquese a "Heredad" y "PoeSIDA" y déjese arrastrar por el vertiginoso caudal de imágenes y su prodigioso manejo del lenguaje.
 
No es la primera vez que lo leo en público, sin embargo, cada vez, termino temblando (las manos, la voz...) y flojita, flojita.  Les comparto:


Primera Ceremonia
primaverizo yaces,
deleital y ternúrico,
y nadie es como tú, cervatillo matutinal,
silvestrecito y leve.
aparentas dormir
y una sonrisa esplende en tus pupilas;
quedo sin mí.
Tú veranideces
cuando mis manos desdoblan su pobreza
y tocan tus cabellos dóciles, como el agua
y me tiendo a tu lado.
Desnudo te descubres; desnudo estoy allí;
suspenso, trémulo,
desamparado como la noche del misérrimo;
ayuno y mórbido:
qué puedo hacer, enceguecido y mudo,
atado de estupor,
¿maravillado?
mantienes tu mirada fresca y feroz,
sedienta de antemano;
resplandeciendo en la devoradora oscuridad: tu sexo,
húmedo, cálidamente eléctrico, madero victorioso,
con el recuerdo herido todavía
de la primera masturbación y el receloso orgasmo, y tus labios suntuosos
temblando un hálito que ya no necesita
el niño que eras,
y tu cuello miro que pulsa las cuerdas
del corazón, no sé si el tuyo, el mío,
y ninguna palabra pronunciamos,
ninguna a mi favor;
no hay gracia para mí.
Deja que diga no tu pecho núbil,
duro lugar de la salud,
marejada que nadie detendrá,
retén su amor, su odio;
tu modo de ser tú casi me lame,
calor de perro, ojos de ganso, hermano de caballos;
me viene encima tu sazón,
la rotación novicia de tu ombligo,
tu almíbar de estar hecho
veloz, inmóvil, lento, prensil, inapresable;
tiendo una mano: existes;
tus muslos, golpe a golpe, se separan,
se encuentran, se encajan, se unifican,
se hace una brecha ardiente en el revuelo
de la sábana;
no hay piedad para mí.
Tus dientes caen, degüellan,
rindo el sentido.
Tómame,
deshónrate, sométeme, contrístate, obedéceme,
enloquece, avergüénzate, desúnete, arrodíllate,
violéntame, vuelve otra vez, apártate, regresa,
miserable, amor mío, lagarto, imbécil, maravilla,
precipítate, aúlla.
De pronto, tú, el relámpago,
abierto, florecido, restallante,
arriba, abajo, encima, ¿dónde?
hiendes la oscuridad,
y adentro:
llueves.
 
Este poema se incluye en
"Digo lo que amo" de 1976... el mismo año en que nací.