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5.07.2016

Mayo y la CDMX


Asuntos laborales, gracias a un RVOE federal, llevaron mis pasos a la Ciudad de México hace un par de días. 

Viaje relámpago a mi entrañable D. F. (Para mí siempre será el D. F.).

Gestiones institucionales y un retorno largamente anhelado. Tardes para atesorar y mis pasos apropiándose de barrios ajenos. 

Una jamás termina de agradecer la gentileza de quienes te abren las alas mostrándote rutas propicias.

Resulta imposible no llenarse de recuerdos, cuando se deseaban tanto.

Ahora, de vuelta en mi huso horario, me digo es preciso plantar los pies muy firmes sobre la tierra. Me sugiero guardar para mejores tiempos (o suelo más fértil) ciertas palabras. Una secretamente desea, sin embargo, haber marcado un poco los senderos recorridos, con la misma luminosidad con la que ahora habitan mi memoria.

Mayo [la vida] continua acá. Viene la XXXIV Feria del Libro y habrá poesía. Seguimos, porque hay muchas cosas en nuestras manos para sonreír. Lo que no, ya pasará. 

Así la vida. 




3.25.2016

Breve comentario post-viaje


En determinado momento

algo en tus pasos recuerda el origen nómada
y entonces andas el mundo
como tu casa.


Unas semanas antes de salir de vacaciones con la cría, se volvió viral la noticia de la muerte de dos turistas argentinas en Ecuador. Las circunstancias de su fallecimiento acentuaban lo terrible del caso: dos "mochileras" viajando solas y la misoginia que subyace (y se derrama) en todo acto de violencia contra las mujeres. 

Dos jóvenes asesinadas, así nomás, por el "atrevimiento" de ejercer su libertad de movimiento, el "libre tránsito", como lo nombran las leyes en nuestro país.

Debo decir que la noticia, a tan solo semanas de salir de la ciudad sola con mi hija, me estremeció. Entonces volví a los poemas que escribí hace tres años, cuando mi viaje (sola) "De Chihuahua a Los Mochis, en el Chepe...". Aquel viaje atravesando uno de los estados del país con mayor índice de feminicidios; el estado de "Las muertas de Juárez".  Y entonces, en la lectura, reviví la emoción de sentirme dueña de mis propios pasos, de andar el mundo como mi casa.

Es indignante que en este mundo mujeres y niñas aún seamos víctimas de violencia de género: por estar solas, por vestir de tal o cual forma, porque las religiones lo justifican, por pensar y defender nuestras ideas... ¡nomás por ser mujeres, carajo!

Entonces decidí que no podía permitirme el miedo. Y, menos aún, que ese miedo toque los sueños de la hija que estoy formando.  Debe saber, claro, en qué clase de mundo vivimos, cómo cuidarse y vivir segura. Pero jamás, jamás, detenerse en el camino.

Con tal certeza salimos de la ciudad felices y juntas... ¡porque las alas! 

Así las cosas.

10.13.2013

Guadalajara-Chapala 2013


Finalmente los últimos vuelos del año. Asuntos de trabajo en Guadalajara (comodidad 5 estrellas, conferencias, talleres y demás), y cerrar el fin de semana frente al Lago de Chapala.

Sí, volver al Lago luego de cuatro años y sentir su hipnótico efecto, el embeleso de sus nubes, el viento suave y su clima perfecto.  Retomar amistades, descubrir nuevas.

Risas, música, poesía.

La vida y sus momentos perfectos.

Vuelvo a casa sabiendo que, a continuación, todo será en caída libre hasta el fin de año.  Sin embargo ¡qué tan bonita sensación en el alma!

Este 2013 me devolvió, en parte, el gozo de la vida nómada... ¡quién lo hubiera imaginado! 

La vida.

...seguimos.

9.16.2013

De Chihuahua a Mochis, en el Chepe, la muchacha...


Mujer que viaja sola, sin miedo a las alturas. 
[para salvoconducto: los sueños, el deseo, la sonrisa... ¡y ya!]

Mujer que viaja sola: cuerpo nómada en el ejercicio del derecho constitucional 
al libre tránsito... (volar, también, es un acto político)



Tenía los 18 años cumplidos cuando supe de la existencia de "el Chepe". En la recepción del hotel donde era telefonista tenían el Directorio Nacional de Hoteles y Moteles... en algún momento llegué a Chihuahua y, los hoteles ubicados en la ruta, hacían mención de él.  Lo supe entonces: ¡quiero hacer ese viaje!



19 años tuvieron que pasar para que este amor homérico, por fin, se realizara. 19 años (toda una vida) para que mis pasos, el azar (y las promociones de Volaris) me llevaran a esa estación de tren donde, temprano en la mañana, el Chepe rugía.

***

Dejé Tijuana, muy temprano, el domingo 1 de septiembre.  Por misterios en la logística aérea nacional, mi vuelo a Chihuahua me llevó al D.F., a transbordar. Yo lo celebro.  

Coincidencias gratas y afortunadas, desde la sala de espera, hasta el taxi compartido... ¡y esas nubes! Visita "de doctor", que ciertamente algo alivió (¡y de qué forma!). Y la sonrisa grande, que la capital del país me planta, cada vez.


***


Llegué a Chihuahua con el último rastro de luz.


Un taxista muy amable me llevó hasta el Hotel Plaza, en el Centro.  La conversación, en el trayecto, giró en torno al clima de Tijuana, Mexicali y Chihuahua; comentarios sobre las bondades y maravillas en la ruta de "el Chepe" y anécdotas sobre algunos de los edificios que observábamos en el centro de la Ciudad.  Me di cuenta que no preguntó por la violencia en Tijuana... 

El Hotel Plaza está en el centro, sobre un callejoncito algo oscuro detrás de la Catedral. Reservé por teléfono, googleando, y debo reconocer que los argumentos de convencimiento del joven que me atendió fueron decisivos en mi elección. No me quejo, al contrario: habitación funcional, limpia, amplio baño y paleta de color agradable.  Uno de los colchones más deliciosos en los que he dormido. ¡Y me aplicaron el descuento de agosto, en pleno septiembre! ja


Me quedé con las ganas de ver Chihuahua de día, con la luz del Sol, digo.

El martes 2 de septiembre desperté a las 4:00 a.m. Tomé un baño, preparé mis cosas y, tal como lo solicité, a las 5:00 en punto tocaban a mi puerta para avisar que el taxi había llegado por mí.

Salí del hotel y Chihuahua seguía oscura, ni atisbo del amanecer.  Olor a taxi nuevo. $50.00 pesos hasta la estación del tren (que no estaba muy lejos). 5:15 a.m. y ya estaba en la fila. Taquillas abiertas y personas con maletas, bolsas, sombreros. El Chepe, tras la puerta, rugía.



Puntual, a las 6:00 a.m., el Chepe inicia el camino, conmigo dentro.

Asiento 15.

Los porteros son como en las películas, el chaleco, el sombrerito.  Pero no gritaron el tradicional "Todos a bordo". Javier, el encargado de mi vagón; Mario, el anfitrión, guiando desde el micrófono con instrucciones diversas.

El Chepe avanza lento, pero al interior lo siento vibrar.

De a poco se hace de día.

La luz va poniendo al descubierto el verde absoluto. "Nos ha llovido mucho", dijo el taxista de la noche anterior.




Mi asiento está del lado del amanecer.

En el horizonte: montañas de siluetas caprichosas, nubes dispersas y grandes extensiones de ese verde absoluto.  La belleza.

Sucumbo al sueño por un instante, como de dos horas. El Chepe, a pesar de su rugir, arrulla con dulzura. 


Para entonces, el vagón comedor ya está abierto. Plato de avena, pan tostado (a la plancha, mil veces mejor que en tostador) y café. Me recuerda el desayuno en casa de mi abuelita.

De vuelta en mi asiento nos ofrecen "souvenirs" de El Chepe... demasiado costosos, para mi gusto.

Observo todos esos árboles del camino y me pregunto ¿quién se tiende bajo su sombra? ¿qué sueños cobijan sus ramas?






Quisiera contarles lo que veo:
la tanta belleza
agolpándose contra mis pupilas
El tamaño de mi asombro —del color del horizonte.
Cada diminuto árbol que, a la distancia
se vuelve mullida falda de los cerros.
La serie de estacas
de todos tamaños y grosores que
alineadas nos ven pasar.
Ruinas de viejas estaciones
durmientes roídos
Niños corriendo 
a la orilla del arroyo con su perro
Y el tan todo verde,
hasta donde alcanza la vista.

Imágenes tajantes: 
lo mismo que el arroyo
que corta la colina,
la rompe,
interrumpe su verdor
—cuchillo de agua
de tajo.

Flores diminutas que le añaden tinte
colorido (amarillo, magenta, naranja)
al paisaje verde.

Estacas, más estacas y alambre de púas.
Arroyos que invitan a meter los pies.
¡los pinos!


Momentos rocosos me traen nostalgia por La Rumorosa.  Borregos echados a descansar.  

El Chepe se anuncia en cada cruce de caminos.  Desde el interior, lo escucho como a un tren lejano.

Acá, arriba, el cielo es de otro azul.


¡Las nubes!... 


***


Alrededor del mediodía llego a Creel.

El transporte del Villa Mexicana Creel Mountain Lodge, espera para llevarme al hotel, junto con otros pasajeros con el mismo destino. 

Tengo la cabaña 108: 2 camas matrimoniales, cafetera, tv, un baño bastante decente y mi propia mecedora en mi propio porche.  Y, tras las ventanas, esas maravillosas nubes. Olor a madera.

Mensajes a la familia y amigos. Celular cargando batería.  Siesta de 3 horas.


[pausa necesaria]


Cada minuto en este viaje me confirma que la decisión fue acertada. Chihuahua me recibe generosa de ocaso y amanecer, de nubes y verde.  Tanta belleza en el camino que quisieras no parpadear para no perder detalle alguno.  Tanta belleza que pudieras romper en llanto del asombro.

Amigos que responden tus mensajes.  ¿Hace falta más?



La tarde se pone fresca. Sopa de tortilla para el alma, en el restaurante del hotel, caminata por los alrededores. Fotos.

Vuelvo a mi cabaña... E.S.T. plays Monk suena desde el celular.



Estas hojitas cantan. Desde los árboles alrededor, con la caricia del viento. Me recuerdan el murmullo del mar.


Sonidos de una carretera cercana. El [otro] Chepe, que sube, de Los Mochis a Chihuahua.  Recuerdos, aún frescos, en mi cabeza... pudiera habitar esta tarde para siempre.



Como atraído por las notas de Monk, un ave de alas azules se posa sobre el letrero frente a mi porche. El azul de su vuelo, al agitar las alas, me pinta la tarde. Otro más se acerca, sí, creo que les gustó la música.

Las nubes de Creel son un encanto.  La noche se deja caer... suavecito.


***

Martes 3 de septiembre.

¡Buenos días, Creel!

Regaderazo.

En la cabaña suena Mulatu Astake y la llovizna suavecita de Creel.

Olor a tierra mojada, camino al desayuno. Nubes sonriéndole a su reflejo en los charcos. "El Comal", dice el letrero sobre la entrada a la cocina.  Rita, con la amabilidad que la caracteriza, trae mi avena, mi pan tostado, mi café.  Esta vez coincido en el comedor con otros huéspedes: parejas de la edad de mis padres y señoras mayores que bajaron del tren ayer.  Me doy cuenta que he visto pocos jóvenes.  Las conversaciones van de la presión arterial al diabetes, antiguos viajes, etc.

Confieso que, justo ahora, no tengo idea dónde queda el Norte.

El sol se abre paso entre las nubes, ilumina mi mesa, mi taza de café, el humeante plato de avena, la canasta del pan tostado, los colores del mantel.


¿Y ellos siguen juntos?
Pues se juntan y se despegan—
Cuando tienen hambre, cuando tienen frío—
(Conversación desde la cocina, 
sobre unos dos y su estatus sentimental)


11:30 a.m. El Chepe llega por mí.  ¡Hasta la próxima, Creel!


***


Arrancamos lento.  Esta vez comparto asiento, tengo la ventana.



Hoy veo más flores, más amarillo entre el verde. Más rocas, más nostalgia por mi Rumorosa.


Todo es pinos y nubes. Todo.

"Estamos por pasar por El Lazo, iniciamos el descenso", anuncia el portero desde el micrófono. "Descenso de 160˚" (¿?)

Observo:

Todo mundo debiera viajar en tren.  En este tren.  Algo de nostálgico tiene, algo de otoño memorioso.  La sensación de que el bosque, desde afuera, te adivina el pensamiento.

Días para sentirse ninfa del bosque, musa de Alfonso Mucha.

"Divisadero, bajamos 15 minutos", anuncia nuestro portero.




Momento de fotos. Nunca falta el amable turista que te hace el favor de tomarte la foto del recuerdo. 15 minutos no son suficientes.

En Divisadero subieron algunos gringos. Señores con traje de niño explorador, gringos de safari. Desde Arizona y Texas.

Más edificaciones abandonadas, en el camino. Algunas sin techo ni ventanas. Cristales rotos. Otras, apenas restos de adobe.

"50 minutos para Bahuichivo", dice el portero recorriendo el pasillo.

La imponente montaña, los arroyos que vuelven.  El sol, sin aparecer desde hace rato. Todo es nubes.  Cerros "enmallados" para evitar derrumbes. Túneles y puentes.

Llueve.

Se escucha la lluvia caer sobre el lomo metálico de El Chepe.

Suena "As time goes by" (en otro momento hablaré del soundtrack del tren) y, de pronto, me siento una Mata Hari atravesando los Pirineos, o los Alpes, o alguno de los escenarios de la Segunda Guerra Mundial, en una tarde lluviosa.

Relámpagos.

¡Lluvia en el tren, lluvia en el tren, señores! (imágenes que se llevan en el alma, para siempre).

Este viaje es un poema.


***


3:00 p.m. Bahuichivo me recibe lluvioso.

Bajamos varios, sólo yo rumbo al Cerocahui Wilderness Lodge.  Jaime y Charly me esperaban con una tarjeta con mi nombre en las manos.

Escala técnica en una tienda. Jaime advierte "mande sus mensajes de una vez, porque allá arriba la señal falla".

Luego de 40 minutos de camino, con escala para tomar foto a la piedra "El Oso", estábamos en Cerocahui, entonces iniciamos el ascenso de la montaña.

Al llegar, Leticia sale a nuestro encuentro. Me da la bienvenida y me ofrece un cafecito, que —obvio— jamás podría rechazar.  Salgo al balcón del lobby... la vista: ¡es-pec-ta-cu-lar!




El hotel está en remodelación. Jaime y Leticia, los dueños desde hace poco, tiene grandes planes para ese espacio en la montaña.  Por algún misterio de la vida y como gesto de su generosidad, aceptaron mi reservación aún en esos días de tanto trabajo. Lo agradeceré eternamente.


Jaime me lleva a la habitación que prepararon para mí.  Soy feliz, es perfecta. Leticia me avisa que la cena se sirve a las 7:00 p.m.  Llamé a mi madre para hablar con la Kix, para decirle que algún día la llevaré hasta ese maravilloso lugar, conmigo.




Ahora escribo desde el borde de una de las camas, frente a la ventana y, desde el celular cargando batería, suena la trompeta de Stanko ¡quién más!  y su "Noche Suspendida".   Al iniciar la Variación No. II, siento que este momento toca la perfección. (Quiero vivir aquí).

Llegar a este hotel fue decisión de último momento (4 días antes de salir)... ¡afortunado último momento!


5:20 p.m. Descubro que una puede quedarse con el mismo embeleso hipnótico, con idéntico arrobo— mirando a la montaña como se hace con el mar.


Mi hija está bien, comiendo rico en casa de mi madre, contenta. Yo, desde este rincón de la montaña descubro que los grandes momentos de la vida son así.  No hay más.


Mujer que viaja sola
sin miedo a las alturas
viajera silenciosa
—ruidosa por dentro
con el asombro desbordado
en la mirada.

Una puede fácilmente
enamorarse de lugares así.
Una puede dejar que el cordón 
que la une a tierra firme
se enrede en el camino
—se rompa
Una sabe, sin embargo
la ruta de emergencia, para volver.


[Quiero llevarme esta ventana amarilla conmigo. La ventana amarilla, con todo y su pared amarilla y su cortina amarilla y su tan todo verde detrás]


De pronto recordé el viaje de la Sand, de Francia a Venecia, la imagen de Ella, escribiendo desde la cama, frente a la chimenea.  Puede que este sea un viaje más afortunado: no hay Musset, ni Piagelo.

"¿Será que hacemos las cosas sólo para recordarlas?" Quizás, Jaime, quizás... al menos yo sí quiero recordar este momento.


***



La cena, puntual a las 7:00 p.m.

Leticia, originaria de Los Mochis, tiene un sazón muy parecido al de mi abuela materna (también sinaloense).

Sopa de coditos (para el alma), picadillo con pasta, ensalada; café con galletas, de postre.

Cena con sazón casero sumándose al ambiente cálido, atención personalizada y generosa hospitalidad. Me siento afortunada.





Tuve oportunidad de conversar con Jaime, luego de la cena.  Me comentó los planes de crecimiento que tienen para el Hotel.  Dijo que debo ver el lugar nevado... con luna llena.  Puedo imaginarlo.  Estoy segura que en poco tiempo, el Cerocahui Wilderness Lodge, se convertirá en uno de los destinos más buscados de la región.

La noche: deliciosa.  La temperatura bajó un poco, pero con chimenea en mi habitación... dormí como bebé.




***

Miércoles 4 de septiembre.

¡Buenos días, Cerocahui!

Despierto con "Song for Sarah" y la trompeta de Stanko. Dreamy.

Empieza a clarear. Escucho, a la distancia, el canto de un gallo. Amanece detrás nuestro. El sol comienza a iluminar la montaña de enfrente. El cielo tiene un azul muy dulce y algunas nubes. Las aves parecen estar de fiesta.

Luego de un baño salgo a desayunar, pero antes merodeo los alrededores del hotel.  Claro, tomo fotos.



El desayuno: ¡el mejor plato de avena de todo el recorrido! Café, jugo, huevos con jamón y frijoles con quesito Chihuahua, tortillas de harina y pan tostado. Todo con el sazón de mi abuelita.

Vuelvo a la habitación, a leer. Alfonso Reyes, todo un caballero acompañándome en el viaje, con su "Teoría Literaria". Ahora suena M. Nyman, sí, The Piano Soundtrack. Claro, esto no es la jungla de las islas polinesias, pero bien puedo imaginarme el andar de Ada entre el espesor de estos bosques. 


El día avanza y de pronto la nostalgia anticipada. "Saldremos a las 12", me avisó Jaime. Pienso en las sutiles formas en que guardaré la silueta de esa montaña en la ventana.

[a este lugar se viene a desintoxicarse del mundo.]

Una no puede evitar plantearse la pregunta: "¿A quién quiero traer aquí?"  (a lugares así se trae a quien amas...)

***


Dan las 12:00 p.m., me despido de Leticia, le dejo mis datos y la promesa de volver.  Charly nos lleva, a Jaime y a mí, hasta la estación del tren en Bahuichivo. Antes de éso, me sorprenden con otra muestra de generosidad: una visita a la Cascada de Cerocahui.
Casi 30 minutos de caminata, entre senderitos, subiendo la montaña, hasta llegar a uno de los lugares más impresionantes y bellos que he visto.





La fatiga de la caminata desapareció tan pronto la vi. La belleza del lugar, la sensación de saciedad y paz que me transmitía, hizo que olvidara los minutos andados, para disfrutar plenamente ese momento.

Sin dudarlo me deshice de los zapatos y me subí los pantalones, para meter los pies al agua.  Anduve entre las rocas, me senté por instantes, mojé mi frente y nuca... la felicidad también existe en estado líquido.







Y, sí, una pertenece irrevocablemente a los lugares que le han mojado con sus aguas...

¡Cerocahui, te amo!
 [ya quiero volver]


Gracias Jaime, Leticia y Charly.


***


3:30 El Chepe llega por mí.


Dejo Bahuichivo.  Inicia el descenso, bajo la lluvia, de nuevo.  Escribo un mensaje a mi padre, que enviaré tan pronto tenga señal.

Llueve a cántaros. El Chepe, lento, por la lluvia. Cadencioso, parece hablarnos de amor en el sutil vaivén de los vagones.

El portero anuncia que estamos por llegar a Témoris, por atravesar el túnel "La Pera".

Justo cuando crees que el paisaje no puede ser más impresionante: arriba esas inmensas montañas, majestuosas, todas de lluvia y verde absoluto; abajo, profundidad insólita, marcada por la vena de un río que juega a acompañarnos en el descenso.

La visibilidad disminuye por la lluvia, las siluetas de las montañas se intuyen, como sombras.

El tremendo acto poético de ver la lluvia desde el tren.

Viajar sola: la experiencia.

Me siento como aquellas revolucionarias y atrevidas mujeres de la década de 1920.  Esas que subieron centímetros a sus faldas, cortaron sus melenas y bailaron charleston.


5:15 p.m.  Desde hace rato ya no veo pinos, el follaje aún es denso, sin embargo, distinto.

Elemento insólito, que se vuelve constante conforme avanzamos: postes de electricidad, con todo y cables, derribados por enredaderas. Como muestra de que la naturaleza sí puede vencer a la civilización.

De pronto: Sahuaros (¡!) Alguien que les diga que se equivocaron de ecosistema.


6:35 p.m. Escucho silvar a El Chepe por primera vez en largo rato. Poblado próximo.

Puentes y túneles. Los más altos y largos.  Nos adentramos a Sinaloa.

7:20 p.m. El sol es una naranja que se despide en el horizonte #sinfiltro.

Los Sahuaros toman sentido, en el nuevo paisaje. Me sorprenden ahora esos árboles cubiertos de enredaderas —siluetas de árboles, en todo caso—. Macondo debe ser algo así.

7:50 p.m. El Chepe llega a El Fuerte.  La noche cae, en Sinaloa. La mayoría de los pasajeros de mi vagón bajaron aquí, quedaremos, si acaso, 6 personas con destino Los Mochis.


Mujer que viaja sola
atravesando territorios
adueñándose del horizonte

sí, proclamo que todo ésto
es mío.


10:00 p.m. Llegamos a Los Mochis. Me doy cuenta que el recorrido de hoy tomó 7 horas... puedo decir que "sentí" las últimas dos, cuando la noche corrió el telón y no hubo posibilidad de fascinación con el paisaje; cuando sólo quedamos el vagón y yo... y ese soundtrack de pesadilla, que prefiero bloquear de mi memoria, ja.

***










11.17.2012

mi primer viaje, como poeta, al DF

Hace varios meses me llegó la convocatoria... y yo, que desde hace años soñaba con participar en el MUJERES POETAS EN EL PAÍS DE LAS NUBES, pa pronto me puse a completar la serie de requisitos que piden para seleccionar a las invitadas...

Por ahí de agosto mi coordinadora, Liz Durand, me confirmó que había sido seleccionada.  ¡La noticia me llenó de gusto! 

Me informó, también, que en esta ocasión las poetas nacionales estaríamos concentradas en el Centro Histórico de la Ciudad de México y las extranjeras estarían en las comunidades de Oaxaca.  

De inicio sí me desilusionó un poco la noticia... sin embargo, soy una enamorada del D.F., de su centro, así que eso de la desilusión en realidad me duró muy poco... sería bueno reencontrarnos luego de 6 años.


Luego de un vuelo nocturno, llegué al D.F. el domingo 4 de noviembre a las 6:00 a.m., directo al Hotel a dormir un poco.  Luego de un desayuno que me supo a gloria, me lancé al edificio del Fideicomiso del Centro Histórico, donde se realizaría la primera sesión de lecturas.  En el camino me encontré a mi editora y amigasaza del alma, Rosario Orozco, quien llegó al Encuentro desde Guadalajara.





En los primeros momentos, ser testigo del re-encuentro de todas estas mujeres que parecían conocerse de toda la vida, me provocó esa sensación de ser intrusa en fiesta ajena jeje Poco a poco, al ir escuchándoles, fui entendiendo la naturaleza de la unión: la poesía.


El rango de edades de las participantes resultó bastante amplio, desde las chicas universitarias veinteañeras hasta las octogenarias con poemas cargados de experiencia y sensibilidad.

La fotito de grupo fue al cierre del primer día de lecturas... y el Encuentro apenas iniciaba.

El segundo día, Rosario y yo desayunamos en una fondita buena, bonita, barata y bike friendly, recomendación del buen Nahúm Torres, en la Calle Regina: Dzib.  De ahí nos lanzamos a la sede del segundo día: la Universidad del Claustro de Sor Juana.


Sólo diré que ni en mis sueños más locos hubiera imaginado leer en tal recinto.  La emoción, que como mujeres poetas mexicanas, sentimos al compartir nuestros textos en el espacio en el que, en algún momento de la historia, la misma Sor Juana recorriera, es indescriptible.  No faltaron los arranques espontáneos por compartir -de memoria- las famosas redondillas por parte de algunas de las participantes.  En general, me parece el momento más simbólico del Encuentro.


Haber contado con tan espléndido altar de muertos a Sor Juana, María Félix y otras mujeres ilustres de México, como fondo para las lecturas fue, sencillamente, perfecto.

Ese mismo día, ya por la noche, acompañé a Rosario Orozco, Nahúm Torres y Hugo César Moreno, en la presentación del número 21 de la Revista Va de Nuez, en Hostería La Bota



Finalmente, el martes 6 de noviembre, el cierre del Encuentro fue en el MUNAL.  Otra serie de lecturas, recuentos, propuestas, emociones, risas, intercambio de textos, tarjetas, contactos.  En esa ocasión compartí la mesa con las poetas "del norte" (prácticamente todas de Chihuahua... y yo, orgullosamente de Tijuana -el otro norte-).


La experiencia, en total, me resultó de lo más grata y satisfactoria.  El nivel de los textos presentados fue muy bueno.  Y, me parece, de lo más enriquecedor fue descubrir que más allá de nuestras diferencias generacionales, geográficas, de contexto, nos resultaba posible identificarnos en las letras de las demás.  El dolor y la preocupación por nuestro país era evidente y explícito, las distintas ponencias lo dejaban más que claro, sin embargo a todas nos mantenía unidas un halo de optimismo, de confianza absoluta en el granito de arena que, así, todas juntas, se convierte en arenal.

Cierto, no fui a Oaxaca, pero andar el Centro Histórico esos tres días, me resultó de lo más enriquecedor y estimulante.  La Ciudad -ombligo del mundo-, está viva y es una lengua de olas que nos recuerda el potencial extremo de nuestros sentidos.

Larga vida, Mujeres Poetas en el País de las Nubes...


6.08.2011

De las Horas de Junio 2011...


Segunda vez en Las Horas de Junio.  Volver al desierto a su fiesta de letras.  Volver porque el desierto nos llama.  Allà vamos, sin reparar en el pronòstico infernal sobrecargado de centìgrados, dispuestas a entregarnos al lùdico ejercicio de las sonrisas francas y la celebraciòn perenne.

Nuestr@s anfitrion@s, como cada año, nos hacen sentir en casa. Nos abrazan y rodean de atenciones fraternales.  Anidan nuestras letras.

Y todo es gozadera y regocijo, nada màs de reencontrarse con las voces -entrañables ya- de otras y otros tantos locos y necios empecinados en la literatura.

Cada mesa de lectura es una oportunidad de asombro y deleite.  Un cofre abierto a las almas de aquellos que, generosos, comparten los frutos de sus pàginas.

La noche, que deja de ser lìmite o barrera, se ofrece sin tapujos a nuestras voces.  Se vuelve cascada inagotable de cebada y levaduras, historias, chistes y proclamas.  La noche, en el desierto, es tierra fértil para amistades longevas, de raìz firme y frutos de pulpa suave, a prueba de sequìas y temporales.

Cuesta en verdad decir "hasta la pròxima". Borrada del diccionario dejamos la palabra "Adiòs"... porque nos llevamos sembradas en las entrañas las letras que germinaràn en un "he vuelto". 

Ah, que apenas termina y nos invade una dulce nostalgia.

Y vuelve una al hogar con el equipaje cargado de recuerdos, anècdotas, imàgenes, risas, canciones... y letras!!!

Suerte que los recuerdos no causan impuestos por sobrepeso al documentar.
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GRACIAS!

11.22.2010

Recordar es volver a...

CASA MICHÍN

dale click en la imagen para visitar la página de CM...

Una delicia de lugar, en Chapala.

6.25.2010

Viaje rapidín a Mty


cerrando semana... corriendo... el martes salí a Monterrey: vuelo al mediodía para llegar pasaditas las 5pm.  Calor.

Motivo del viaje: capacitación de mi trabajo.  Están por entrar en vigor nuevos ajustes al sistema y las coordinaciones fuimos requeridas para tomar el taller.

Calor.

Monterrey muy bonito, muy limpio.  La comida generosa y rica.  Quiero volver, pero con tiempo... con mi Kix para que vea todo lo que esa ciudad tiene para los niños.

Ayer jueves, cierre del curso a la 1:30 pm... córrele a comer, a ver un par de cosas del parque Fundidora y córrele al aeropuerto.

Llegué a Tijuana a las 11:00pm.

Tijuana, como siempre de noche, fresca.

Tengo sueño.  2 hora de más o de menos... ya perdí la cuenta.  Toda la tarde en aeropuertos y aviones.  Aeroméxico vive la crisis: ya no dan comida, ni siquiera papitas como Volaris, ahora son paquetitos de cacahuates japoneses, en fin.

Un rayo le pegó a mi avión casi al llegar a Guadalajara.

Medio dormí, medio ví la tele, medio escuché música...

Ya en Tijuana.
Tijuana.
=)

6.10.2010

DE LAS HORAS DE JUNIO

De nuestra lectura el sábado 5 de junio

Pues que junio llegó... con todo y sus Horas.  El viernes 4 Hadia, Sharon y yo, llegando barridas al aeropuerto, abordamos el avión de las 7:00 a.m. a Hermosillo.  Llegamos a las 8:25 (aprox.). El calor nos recibió amable, nada para alarmarse. Rosario Orozco nos esperaba ahí, había llegado desde Guadalajara unos minutos antes.
  
Solecito hermosa nos llevó al Kino. En recepción encontramos al Jeff, al Navo con tremendas ojeras y el cabello escurriendo de agua porque se había bañado (jiji), a Moni Ávila, Rober, Ponchito, Olguita y Karina. Todos listos para salir a la SSH a escuchar la primer lectura del día.

Desayunamos y al salir del restaurant ya teníamos lista una habitación.

Compartimos habitación las 4, y la Nidita Barajas con su guitarra fue visita constante  también.  Esa mañana fue de mesas de lectura, luego, a comer a Los Jarritos, compartiendo la mesa nada más y nada menos que con el gran Juan Bañuelos

Donde sólo se habla del amor
de Juan Bañuelos

A los hombres, a las mujeres
que aguardan vivir sin soledad,
al espeso camaleón callado como el agua,
al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado),
a los que duermen mientras sostengo mi vigilia,
a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio.
En fin, diciendo ciertas cosas reales
en una lengua unánime, amorosa;
a los niños que sueñan en las frutas
y a los que cantan canciones sin palabras en las noches
compartiendo la muerte con la muerte,
los invito a la vida
como un muchacho que ofrece una manzana,
me doy fuego
para que pasen bien estos días de invierno.
Porque una mujer se acuesta a mi lado
y amo al mundo.
¿Qué tal?... Bañuelos nos compartió algunos momentos de su historia, sus amores, sus hijos, sus divorcios... "es difícil (con)vivir con un escritor", argumentó adjudicándose la responsabilidad mayor.  Un señor bello, con una claridad mental que ya la quisieran much@s... vaya, una delicia.

Por la tarde descansamos un rato nuestros desvelos y volvimos más tarde a la SSH. Magno evento de la noche: Homenaje a Poniatowska.  Empezamos con la lloradera del fin de semana cuando, como parte de su discurso, hizo el pase de lista de los 49 niñ@s que murieron en el incendio de la Guardería ABC un año antes. El número es abstracto, un concepto neutro, frío... los nombres dieron una dimensión real a los angelitos, y la interminable lista nos atravezó el corazón de dolor.

Cena: burritos.  Luego, cerverzas en un bar/cantina/salon de baile que parecía sacado de una low budget mexican movie de los 70's (¿acaso hubo de otras películas en México en esos años?) "Puede ser" cantaba el conjunto musical.  A la cama temprano, leíamos a las 10:00 el sábado.

"ESTADO CIVIL: POETA" fué el nombre de nuestra mesa, moderada por Ponchito, con Rosario Orozco, Olga García, Hadia Farfán, Sharon Vázquez, y Nidia Barajas en la música... no ensayamos, pero todo salió perfecto. La escasa audiencia que logró salir de su cuarto, con todo y cruda, recibió muy bien nuestra lectura.

Sábado de más letras, mesas con amigos.  Comida en Los Jarritos (un ceviche y pescadito muy ricos). Nidia Barajas, Nahúm, Iván, Hugo, Arturo, Altanoche y yop, niiiceee.

Regresamos a la mega mesa de Moni Ávila, Roberto Castillo y Ponchito García Cortez.

Luego, más tarde, nos unimos a la marcha del aniversario... fue andar las calles de Hermosillo entre el dolor.  Y el dolor nos cubrió... dolor fuimos.  Nidia, Hadia, Sharon y yo lloramos juntas, trenzamos nuestras lágrimas hasta que no supimos cuáles eran de quién.  Era imposible contenerse... el ambiente, la vibra, eran demasiado fuertes... dolor, indignación, todo junto... terminamos exhaustas, como trapo exprimido y tendido al sol.  Experiencias así te tocan, te mueven duro el tapete, la vida!

Los camiones nos llevaron a Los Jarritos, con los ojitos apagados intentamos celebrar el encuentro, las letras y la oportunidad de estar ahí, para Hermosillo.  Una vez que Nidia cantó huimos, hacinados en taxis, al Pluma Blanca.  Estuvimos ahí un rato y luego visitamos otro lugar de honorable nombre (jiji) donde nos encontramos a Súperman (región 4, diría Nidia)... luego, de vuelta al Kino.  Gente despierta hasta las 4:00 a.m. junto a la fuente, charlando de mil cosas: Los Beatles, la intrascendencia del Barroco, comparado con otras etapas de la historia del arte, y una larga lista de etcéteras.

Cómo pudimos estuvimos en pie a tiempo para abordar los camiones que nos llevarían a San Carlos.  Trayecto... "interesante" jeje...  confieso que sólo pude tomar agua en todo el día (la noche de ese domingo fue otra cosa)... temí sentirme físicamente mal en aquellos parajes desconocidos.  ¡Qué belleza de lugar!... algunas lecturas más, comidita, el mar!... Overwhelming!!!... estuve a punto de romper en llanto, cuando escuché los gritos desesperados de Sharon: un aguamala le quemó en su piecito izquierdo.  Hadia y yo corrimos a los baños (se imaginarán para qué)... afortunadamente, a nuestro regreso, un habitante del área ya estaba con su kit de primeros auxilios que incluía una botellita de amoniaco y algodones,  alguien le frotaba el pie a mi amiga con esta sustancia.  En 20 minutos estuvo aliviada.

El resto de la tarde, sentadas en la arena, frente al mar, con Panchito Morales iluminándonos el entendimiento: Gracias Panchito!!!

De regreso me tomé una cerveza en el camión.  Llegué al Kino directo a la regadera (arena hasta en los lugares más insospechados jeje)... nos fuimos caminando por unos hot dogs de la uni: ricos, sí.  Luego, de vuelta en el hotel, un rato en fiesta privada (uy) y luego a la cama.  El cuerpo, a mi edad, ya sólo aguanta ciertas cosas.

El lunes despertamos taaaarde. Nos preparamos para salir con todas las calmas posibles.  Desayunamos en el restaurante del Kino, nos acompañaron Jeff y Coyito un rato. 

¡Ah!, las despedidas nunca son sencillas.  En apenas 3 días muchas personas se vuelven de tu familia.

En el avión, que por poco nos deja porque Sharon no encontraba su tarjeta, la representación de Ensenada: Flora, Quetzalli y Tito.  Y Tijuana: Nidia, Luis Gastelum, Hadia, Sharon y yop.  Cuando nos dimos cuenta ya estábamos aterrizando.

Y Tijuana estaba esperándonos, con su mejor vestido y una gran sonrisa.

Así las horas, mis Horas de Junio en Hermosillo... con un calor que amenazaba cosas peores y que al final de cuentas fue gentil caballero, l@s amig@s del alma muy cerca, cervezas y letras... ¡una experiencia enriquecedora!... valió la pena cada minuto.

Yo, sí vuelvo, que sí.
M.